Sobre ahorrar combustible circula tanta leyenda como sobre el aceite de la abuela. Aquí va la criba, sin humo: lo que funciona, cuánto ahorra aproximadamente, y los mitos que ya puedes jubilar.
Funciona (y mucho)
- Marchas largas y bajas revoluciones. Circular en la marcha más larga posible sin que el motor sufra es el truco número uno. En gasolina, cambiar en torno a las 2.000–2.500 rpm; en diésel, antes.
- Velocidad constante. Cada acelerón es dinero quemado. Usar el control de crucero en carretera aplana el consumo de forma visible.
- Anticiparse. Levantar el pie pronto y dejar que el coche ruede con marcha engranada (el motor corta la inyección) en vez de llegar frenando al semáforo.
- Presión de neumáticos. Medio bar por debajo de lo debido es más consumo y más desgaste. Revísala una vez al mes; es gratis.
- Menos peso y menos vela. El maletero no es un trastero, y el cofre o la baca disparan el consumo en autovía aunque vayan vacíos.
Depende
El aire acondicionado. El clásico. En ciudad y a baja velocidad, sí consume un pico y la ventanilla sale mejor. En carretera es al revés: las ventanillas abiertas frenan el coche más de lo que ahorra apagar el aire. Regla fácil: en ciudad, ventanilla; en carretera, aire.
Mitos que puedes jubilar
- «Bajar puertos en punto muerto ahorra». No: en punto muerto el motor consume para mantenerse al ralentí, y además es peligroso. Con marcha engranada y pie levantado, el consumo es cero.
- «Repostar por la mañana da más litros porque el combustible está frío». Los depósitos de las gasolineras están enterrados y su temperatura apenas varía. Bonita teoría, ahorro inapreciable.
- «Llenar hasta el tope estropea algo». Llenar hasta el primer corte del surtidor es perfectamente normal. Otra cosa es empeñarse en meter medio litro más a presión, que no aporta nada.
¿Y sabes qué ahorra más que todos estos trucos juntos? Exacto: repostar en la gasolinera adecuada. La conducción eficiente rasca céntimos; elegir bien el surtidor rasca euros.