En todas las cuadrillas hay uno que echa siempre veinte euros «para que el coche no pese» y otro que llena hasta arriba «para no volver en una semana». ¿Quién tiene razón? Vamos a hacer las cuentas que nadie hace en el bar.
El argumento del peso, con números
Es verdad que llevar combustible pesa: unos 45 kilos un depósito de 60 litros lleno frente a llevarlo en cuarto. Y es verdad que más peso es más consumo… pero hablamos de un efecto minúsculo en un coche de 1.300 kg: décimas de litro cada 100 km, siendo generosos. El ahorro por ir «ligero» existe, pero es calderilla.
Lo que sí cuesta dinero: repostar a lo loco
Cada visita al surtidor es una oportunidad de pagar de más si toca en mal sitio. Quien reposta poco y a menudo acaba repostando donde pilla — y donde pilla suele ser la estación cómoda, no la barata. Quien llena el depósito en una gasolinera bien elegida compra 50 litros al mejor precio de su zona de una tacada.
Dicho de otra forma: llenar barato le gana por goleada a repostar ligero.
La reserva no es un depósito extra
Circular siempre al borde de la reserva tiene dos problemas: te quita capacidad de elegir gasolinera (la urgencia es carísima) y, en coches diésel modernos, apurar el fondo del depósito una y otra vez no es plato de buen gusto para el sistema de inyección. Considera la reserva lo que es: un margen de seguridad, no una forma de vida.
La respuesta práctica
- Si usas el coche a diario: deposito lleno, en la estación barata de tu ruta de siempre. Menos visitas, mejor precio medio, cero dramas.
- Si lo usas poco: medio depósito va bien — el combustible muy viejo tampoco es eterno — pero siempre en estación elegida, no de urgencia.
- ¿Viene una subida clara de precios (víspera de puente, conflicto en las noticias)? Llena. Es el único «market timing» que funciona en el surtidor.